viernes, 13 de junio de 2014

Se separaron los Libertines.

Hinchaban los globos con tanto ímpetu, que uno explotó, matando a uno de los niños del cumpleaños. Aquel día,  Lucía, no; Sara o María... En fin, la niña de la tarta de chocolate en la camiseta, comenzó a escribir poesía. Le hizo tantos poemas al niño que perdió la vida en aquel trágico cumpleaños feliz, que cuando llegó a la adolescencia ya no le quedaban cosas por las que llorar.

Se separaron los Libertines y los noventa  empezaban a echarse de menos. Entonces, empezó a componer canciones y a volver a llorar. Resucitó tantas veces al niño que perdió la vida en aquel trágico cumpleaños feliz, que a los veintidós ya no le quedaban notas mágicas.

Lo cierto, es que aquel niño por el que tanto lloraba, sigue en un ataúd, de la talla "S", sin saber muy bien por qué murió ni por qué le cantan.