martes, 25 de febrero de 2014

La gripe "compleja"

Esta enfermedad es algo así como una conversación perdida. Si hubieras tenido que esperar algo más de tiempo el tren, te habría invitado a un café. Ahora, en cambio, padezco dolor de cabeza y me duele la garganta. Tengo las letras mal colocadas, la voz nítida y clara para las palabras reales como "hola", "perdón", "gracias";  ronca para las imaginarias como  "tú" o "ven".  Me duelen los ojos y los huesos, me duele todo el cuerpo, como si me hubieras dado una paliza.

Comienzo a tener fiebre, si sigues leyéndome te contagiaré y no habrá vuelta atrás.

jueves, 13 de febrero de 2014

La última amistad de Enrico Galbiati - II

Despertó en el hospital, lugar donde suele hacerlo toda la gente que despierta después de un disparo, y encontró a su derecha, en la mesita, los bombones que llevaba para Isabella. Apenas sí había luz en la sala, una farola desde la calle la iluminaba a través de una ventana sin persiana, entreabierta. Oyó un mosquito pasar junto a su oreja. ¿Cuánto llevaba dormido? ¿Qué coño pasaba ahora con su plan? La puta pistola... De haberlo sabido habría prescindido de ella. Esas fueron las dos primeras cosas que le pasaron por la cabeza, la tercera, más que una pregunta, una sorpresa, fue darse cuenta de que tenía el pene eréctil y parecía que así se iba a quedar. Aquello era una comedia... ¡Qué dolor de cabeza! Pero no estaba sólo, al fondo en un sillón, Isabella dormía. Magnífico. ¿Le habrían dejado la pistola en la mesita de noche? No, claro que no, ¿cómo es que estaba en el hospital sin vigilancia policial? ¿Había algún policía allí?  La llamó: "Isabella, sei svegliata?". Repitió la frase tres veces hasta que la mujer estuvo despierta: "¡Enrico...! Perché?". Ahora le diría la verdad. ¿Qué haría para explicarlo todo? ¿Cómo reaccionaría ella? Inventarse alguna excusa para la pistola se le antojaba incluso más fácil que para los bombones. El plan no salió bien y ya no se podía improvisar. Confesaría y le diría la verdad: Que ella era la última persona en la que confiaba, la última esperanza, la última amiga y que, por ello, iba a matarla. Algo iba mal. Una cosa no encajaba, no toda la luz provenía de la farola ¿cómo no se había dado cuenta hasta ahora? La verdad es que pocas cosas tenían sentido, la cabeza le daba vueltas... No podía articular más palabras, ahora sólo podía mirar la vela que titilaba a los pies de su cama.

miércoles, 12 de febrero de 2014

La última amistad de Enrico Galbiati - I


Pero qué incómodo era hacer aquello. Las despedidas son odiosas, o eso pensaba Galbiati. Además, aquello no era una despedida, eran varias, y a su vez eran reencuentros. Pero qué cosas más extrañas trae la vida y qué incómodas se hacen. Maldecía entre el tabaco y los labios mientras caminaba. Milán no es el mejor lugar para pasar agosto, el cigarrillo se le acabó pegando a los labios. Al cabo de un cuarto de hora, torció la esquina de la panadería, junto al cruce de Via Senato con Corso Venezia, y tras pararse unos segundos en el número 23, llamó al timbre. "Pronto", la voz de una mujer; "Sono io, amore". El sonido del cierre eléctrico de la puerta accionándose y Galbiati ya subía lentamente por las escaleras. Ella tenía que vivir en un sexto, para acabar de joder las cosas, además cada vez que levantaba la pierna izquierda para superar un escalón, la culata de la pistola se le clavaba en la pelvis. No había pensado en ningún discurso, no lo necesitaba, se le daba bien improvisar y le gustaba. Apenas quedaban 10 escalones para el rellano del sexto piso, cuando apareció Isabella: "Enrico? Sei tu?". Para aparentar entusiasmo por el encuentro, Galbiati escalaba los últimos peldaños de dos en dos, "Isabella, guarda..." mientras sacaba unos bombones de su chaqueta. 


Bang.


¿Qué había pasado? La pistola se había disparado dentro del pantalón, sangraba mucho, sólo veía sangre y, mágicamente, un bombón rodando escalera abajo; ya casi no veía nada.




martes, 11 de febrero de 2014

Los chicos estándar.

La verdad, que cuando me hablaste de follar, supe lo que me ibas a decir justo un momento antes. Los tíos sois así. Así, como tú. ¿Te has parado a pensar, alguna vez, lo estándar que eres? Seguro que no, lo estándar no suele tener conciencia de sí mismo, es el eterno dilema del instinto, pensar sólo en los actos y no en el trigo. Pero no me mires de esa forma, desde el sofá manchado de sudor. Si sigues haciéndolo acabarás ahogándote en él, con tu boca estándar llena de mí y con tu pelo estándar oliendo, aún más, a mandarina. Eres, quizá, un modelo estándar, efectivo. 
Voy a follarte
una vez más, 
       de forma estándar
   y luego, amor,
      te daré la patada.

domingo, 9 de febrero de 2014

Si te hago la escritura automática.


Hacerte escritura automática mientras sueño desde el sofá que me acerco, cada vez más, a casa, significa perder la orientación y, quizá, dos o tres vidas. Lo único que se piensa en lo automático de querer tenerte es lo que se quiere en ese momento, digamos, un instinto que aboca a lo irremediable. ¿Es el amor como la escritura automática? Sí, cambiado de escala, no sé si me entiendes. Se dicen tantas cosas que no tienen sentido, se explotan globos, se duerme poco, se piensan pentasílabos y seguidillas, desde el sofá. Parecía que estabas cerca, como todo lo que no se puede evitar. Qué poco queda para llegar a casa, y qué lejos se me antoja. Dos o tres vidas menos, dos o tres entreactos, imposible olvidar para seguir soñando.

Maybe I'm the breaker of the hearts
Been so lone since we've spoken
It's been lonely baby its been hard
Baby I'm the one who's broken.