viernes, 1 de febrero de 2013

A casa

He llegado a casa.
Sí, después de patear 
los charcos y las baldosas
que unen tu casa y mi casa, 
he llegado, al fin.
He llegado sin brazos entre mis brazos, 
con olor a tabaco en la ropa
y algunas palabras 
en el bolsillo de mi camisa. 

La parada de bus equivocada, quizá,
el mal tiempo, las buenas caras, 
el alcohol, la farsa. 
Sí, a pesar de todo, he llegado a casa. 
He llegado a casa, 
después de las tantas y las menos cuarto, 
he llegado tarde y sin compañía.

He llegado sin caerme 
por la escalera de tus labios
sin saber de poesía
ni de métrica 
ni de estrofas,
sin saber qué más decirte
antes de que te vayas.

He llegado, que ya es echarle valor.

No me pidas que te toque
las cuerdas vocales
desde tus piernas abiertas
a los acordes de mi lengua.

No me pidas nada ahora,
que ya he llegado a casa.