viernes, 27 de abril de 2012

La chica de la biblioteca

- Y si te dijera que...

Te miro mientras pasas las hojas de tu cuaderno y no te conozco. Te quejas quedamente... Alguna función de onda no satisface tu átomo de hidrógeno. Tus párpados lamen en una sutil cascada tu mirada: tienes un problema que  resolverás tarde o temprano. Es entonces cuando deseo bucear en las fórmulas de tus ojos, en los puntos de equilibrio inestable de tus labios, en la función armónica amortiguada de tus pómulos. Quiero recorrer de punta a punta tu dominio, ser gradiente sobre tu piel para derivar las coordenadas de tu cuerpo, quiero dejarme caer en la discontinuidad que se pierde en el valle de tus piernas. Necesito saber todo lo que no sé de ti.
Entonces, ¿qué me responderías?

- Te diría que estás loco, que te amo desde que entraste en la biblioteca.

sábado, 21 de abril de 2012

En París o en Berlín



Se quiebran los charcos, conforme avanzas por la calle, haciendo poesía de tu camino. Eres una criatura salvaje, única en tu especie, o acaso haya otra como tú en París o en Berlín, o en cualquier otra ciudad donde nunca haya estado. Caminas con la inconsciente seguridad de quien nunca ha amado y con la inconfundible certeza de quien sabe a dónde va. Sin embargo, llevo un tiempo siguiéndote la pista, como un detective privado, y paseas sin rumbo por las aceras. Cierto es que interrumpes a veces tu recorrido: hablas con la gente que entra y sale de la lavandería, escuchas música en el metro, esperas en un semáforo, sonríes a las parejas de adolescentes y haces cola en el cine. En ocasiones, aguardas tu turno en la taquilla pero al final te marchas sin comprar tu entrada, desconozco la razón, pero sí sé que eres una cinéfila insaciable, has visto todas las películas. 

Te he perdido de vista cuando doblabas la esquina. La llovizna, el humo de los coches, la gente... Todo forma una niebla gris en torno a tu imagen. He de descansar un rato, me duele el corazón.


Llevo un tiempo sentado en un banco, recuperándome del dolor, y ahora me doy cuenta de que es aquí donde te besé cuando éramos jóvenes. No por ello siento nostalgia por lo que fuimos. Por otro lado, también me siento ajeno y distante a lo que somos pero, a pesar de todo, recuerdo tu nombre.



Ahora llueve más fuerte y vuelves a dejarte ver, junto al Quiosco de periódicos. Me dispongo a levantarme para hablarte, pero dudo. He perdido el interés por tus actos, no entiendo tus poemas ni disfruto tus canciones.

De todas formas, me duele el corazón.

miércoles, 11 de abril de 2012

Jack está solo.
El libro de matemáticas no tapa las grietas de la pared y el Sol rompió todas sus cuerdas.
Ve puentes de plata sobre ríos de flores que azotan las cortinas, como si se tratara del viento en una casa quemada.