lunes, 10 de diciembre de 2012

La Ñeve




E ya una semana
ensin parar la ñeve de borrar
la cai y les tos piernes.

E ya la nueche la que
xela los nuesos llabios de madera
y los cisnes del Neckar.

Siento esnalar les sombres
so les tos manes blanques cuando falas
cerca de la mio cara,
siento como la ñeve
borra, olvida y calla.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Optik Vorlesung

Te he visto devorar sin piedad
corazones de manzana
en clase de óptica.

(geometría)


Los crujidos en tu boca,
distorsionando
las palabras de Fermat.

(ecuaciones)


Te he visto devorar corazones,

(tras un cuarto de hora)

el principio de las cosas
poco  importa
en clase de óptica.


sábado, 3 de noviembre de 2012

No es nada serio



Antes de subir al tren
me dijiste
               "no es nada serio",
con los dedos en los labios
y el pelo sobre la almohada.

"No es nada serio este otoño
de polvos y otras canciones"

Pero eso no estaba escrito
en el billete que compré
mirándote a los ojos,
en los ángulos
de tus piernas sobre mis piernas.

Por eso, amor,
no me pidas que ate el lazo
de tu vestido,
que entonces
te ataré allí
donde nacen mis palabras,
palabras teñidas de azul
y de sol.

jueves, 18 de octubre de 2012

Divenire


Todo ocurrió un día de octubre,

te veía bailar con una media sonrisa
recorriendo
la frontera de tus labios,
con un vestido bonito,
como siempre que bailas,
como siempre que te miro.
Te veía
hecha de flores y de dunas,
de arena de jazmín,
de pétalos de alheña.

Te veía convertirte,
con cada paso que dabas,
en la estrella polar
que guiaría mis manos
en aquel mar de alcohol
y otras fragancias.
Entonces, se rompió la frontera
que ataba nuestras manos
a la espalda.
No sé si fuiste tú o yo,
o si fuimos los dos.
Se rompió porque debía ser rota,
o quizá
nunca debimos sobrepasarla.
Nos entrelazamos en miel y sudor,
hicimos del mañana una hoguera,
del hoy, único momento.
A la mañana siguiente
nos habíamos convertido
en otra tú y otro yo,


devenir de tu pelo
y tus hombros,
de la piel de tus senos,
devenir de tus labios
sobre mis labios
de tu cuerpo sobre mi cuerpo.

Todo ocurrió un martes de otoño,
donde nadie miraba,
donde no perdíamos nada.

lunes, 8 de octubre de 2012

Vértigo

Me mirabas a los ojos
desde el asiento de enfrente,
mientras la noche corría
tras la ventana.

Me mirabas a los ojos
desde el asiento de enfrente,
con los labios mudos
de palabras gastadas.

Me mirabas,
como quien mira
algo que quiere y no quiere,
como quien mira
el río bajo el puente.

Me mirabas,
con ese vértigo 
que se nos cuela
entre las manos.

jueves, 4 de octubre de 2012

Notas de viaje



Escondí algunas flores
entre las páginas
                         
                         de aquel poema,

tras los roces de mi tinta

                          con tu piel.

Me preguntabas dónde
y yo
te reía los ojos y las pestañas
de tus palabras.

Nos cogió la lluvia
y perdimos el tren,

no el que iba a casa,

sino el que manchaba
de carmín transparente
tus labios y tus lágrimas.

martes, 2 de octubre de 2012

Era otoño

Nos olvidamos
por un momento,
escondido
en el anexo de nuestra existencia,
del significado
que aquella vida,
que se oculta
en otra patria ajena a mis palabras,
le dio a tu nombre.

Y nos mirábamos
con los ojos húmedos,
de esperanza
de treinta y cinco grados,

y aquel instante...

Acabó con las hojas
sobre la acera,
contigo sonriéndome
sobre los labios.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Tú me dejaste allí, a la entrada del bar, con la sonrisa en la boca. ¿ Qué esperabas que hiciera?
Yo no juego en las alturas, bastante tengo con mantener el equilibrio, si tú tienes alas, adelante, pero no juegues conmigo porque soy un candado sin llave y caeremos al suelo los dos.

No existe lengua para cantar la balada que quiero escuchar.
No existe mentira que pueda creer sobre tus labios.
No existes, mas sólo por la noche, cuando sólo yo te veo y te canto.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Te decía primavera


Supongo que nada crece entre la niebla.

Yo te decía primavera y en tu pelo crecían amapolas.

Tú me decías invierno.

Supongo que nada crece entre la niebla, que queda mucho alcohol y pocas mujeres para los poetas, que alguien tiene que hacer las canciones bonitas.

Y quiero hacerte una canción bonita, pero no tengo guitarra y no sé cantar. No sé cantar porque todo lo que digo es poesía de la que se calla, porque se rompe con el sol y sólo existe de noche, cuando nadie mira, cuando todos callan.

viernes, 24 de agosto de 2012

No dijimos



Me dolió la despedida, igual que a los amantes de aquella película de Truffaut, pero más me dolió todo lo que no nos dijimos. 
Estabas más linda que François Dorléac, con tus piernas de agua clara y tus ojos de café. Entonces te acercaste y...

- No te olvides de mí- (no) dijiste. 
- No lo haré- (no) te susurré mientras te miraba a los ojos.
- Eso no me vale- (no) hiciste una pausa para pasar tu mano de miel sobre mi cara-. Quiero que me pienses, no te olvides.
-No lo haré, de veras- (no) respiré hondo-. Se acaba el verano y los dos nos alejamos de este lugar.
- Sí.

(No) te abracé tanto tiempo como el que necesitábamos.

-Hasta que pase el otoño- (no) conseguí decirte.

Te alejaste andando por la calle, con tus pies de laurel. Ahora ha quedado un hueco vacío entre nuestras historias y he de buscar una canción para llenarlo cuando volvamos a vernos, cuando acabe el otoño.

martes, 21 de agosto de 2012

Sophie

Ciento nueve  kilómetros a casa. Sophie miraba por la ventanilla del autobús que avanzaba hacia el este, dejando el sol de poniente a sus espaldas. No desviaba la mirada de la carretera. La luz de los últimos días de agosto señalaba el camino de regreso a la rutina. "Poco falta" parecían decir las sombras, "poco falta para el fin del verano". 
Pensó en él, como una mañana limpia de primavera. Lo imaginó a cientos de kilómetros de allí, viajando también, como ella, a la ciudad. Sophie suspiró. 
El autobús recorría la costa parando en numerosos pueblos. El chófer frenó, se abrió la puerta y un grupo de amigos subió al vehículo. Eran adolescentes y, a juzgar por las vestimentas, venían de alguna playa cercana. Dos de las chicas ocuparon los asientos 33 y 34. Desde su posición, Sophie se fijó en sus pies. Una de las muchachas tenía las uñas pintadas de azul y arena entre los dedos. Eran unos pies bonitos. Sophie suspiró de nuevo y volvió la vista a la carretera. 

Un faro iluminaba ya el mar, aunque no había anochecido aún y, de pronto, se oyó una explosión. El pinchazo no había ocurrido a gran velocidad y por suerte no hubo complicaciones, el autobús paró en el arcén. Hubo varias quejas en la cabina cuando el conductor anunció que las asistencias tardarían en llegar una hora. "Ahora él llegará antes que yo a casa" se dijo a sí misma, "da igual lo rápido que vayas,  nunca se sabe qué te podrá retener en un punto del viaje".
Observó los veleros que volvían al puerto de alguna villa costera. No sabía dónde se encontraban, tampoco le importaba. Un joven se ofreció a tocar una canción para hacer más amena la espera. Nadie en el autobús se opuso y cuando sacó la guitarra de la funda todo el mundo se animó. 
Mientras algunos coreaban una conocida canción de folk americano, Sophie contó cuánto tardaba la luz del faro en completar un ciclo: seis latidos. ¿Cuántos latidos habría contado él? Quizá cuatro, tenía un corazón grande. Le pareció que la vida pasaba más deprisa cuanto más latía el corazón. A su ritmo, la suya acabaría siendo un sprint desenfrenado sobre una carretera de nostalgia. Suspiró. Cuando las asistencias llegaron, ya se había marchado el sol. 


A la llegada a la ciudad, Sophie suspiró una última vez. Antes de bajar se acercó a la chica de los pies bonitos.
- Tienes suerte de tener unos pies de verano y de mar- dijo.
-¿Perdón?- preguntó, desconcertada, la joven.
- Nada.
Sophie se bajó del autobús con la mochila a la espalda.


viernes, 10 de agosto de 2012

Edward Hudson

Edward Hudson nunca se había sentido así. La sangre empapaba ya el cuello de la camisa.

 Las noches que pasaba en vela sentía que cada párrafo, cada letra que escribía, era una fotografía de aquella mujer. Lo que Edward intuía era que detrás de todas esas palabras se escondía la verdad, única e inevitable. Eso le aterraba. 

Esa noche no escribió una sola línea. Se durmió sobre un charco de sangre, como duermen los que aman sin saberlo.


jueves, 9 de agosto de 2012

No éramos nosotros



Esta noche no llevabas vestido, eran mariposas bebiendo de tu piel y olor a verano. Yo conducía hacia algún lugar lejos de la ciudad, tú mirabas por la ventanilla con los labios encendidos. Pero no era yo el que conducía. No éramos nosotros.
Pensaba en una ciudad, donde nadie nos conociera, donde no nos conociéramos y así tener la oportunidad de encontrarnos por primera vez. Lo pensé mientras contaba los lunares de tus brazos y sonaban los Creedence. Quiero saber tantas cosas de ti que no encuentro la ecuación con la que predecir qué pasará si te pregunto, si consumo el tiempo que me queda en esta ciudad para llevarte a ver el mar.

Esta noche no llevarás vestido bajo mis sábanas, yo espantaré las mariposas y libaré de tu cuello. Pero no seremos tú y yo, no; sólo será una canción que aún no te he escrito, las mariposas.

miércoles, 8 de agosto de 2012

"Gracias por su visita"



Soñé mientras sonaba aquella canción en mi cabeza. Tú tan sumisa, con tu vestido azul, yo tan desarmado, con una servilleta y un bolígrafo. Nunca había empezado un poema con un "Gracias por su visita", para todo, amor, hay una primera vez. Tú bostezabas mientras yo te dibujaba. Cada gesto, cada palabra, una nueva imagen sobre el lienzo. Yo soñaba. Soñaba que bailábamos en una casa que no era la tuya, descalzos, sobre una alfombra descolorida. Me pisabas y el contacto con tus pies era, sencillamente, un preludio al sexo. Pero no teníamos prisa, porque nos gustaba bailar, lo hacíamos maravillosamente. Era un vinilo rayado de Wes Montgomery el que sonaba, aquella canción parecía no tener fin. Entonces algo pasó, el tocadiscos dejó de funcionar, te alejaste de mí y me miraste. Desperté mirándote a los ojos, al otro lado de la mesa. La luz tenue del bar hacía que se derramaran sombras desde tus hombros hasta tu escote, como frágiles líneas de deseo fluyendo al mar. Una nueva imagen, la música volvió a sonar y te acercaste a mi pecho. Seguimos desplazándonos por el salón al ritmo de la canción. Un fino hilo de sudor limpio te caía por el cuello y se perdía en el vestido. En cualquier momento una voz gritaría "¡Corten!" y alguien te alejaría de mí. Pero no fue así, sino que se me acabó la servilleta. Antes de darle la vuelta para seguir escribiendo, te miré. Reías con la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba, un poco ladeada, como una hermosa actriz de los años 60. No sé cómo sucedió, bailando se deslizaron los tirantes azules por tus hombros y me besaste, de una manera propia y dulce, como nadie besó jamás a nadie. Todo acabó allí, la música, el beso. Te alejaste de mí y tu piel se volvió rígida, tu vientre se convirtió en madera y tu pelo en cuerdas, recuperé la cordura. Desperté y me guardé la servilleta en el bolsillo.

martes, 31 de julio de 2012

Últimamente, a altas horas de la madrugada, poca literatura y demasiado pensar en ti, amante prohibida de lo inexistente.

domingo, 29 de julio de 2012

4 am.

"A veces, cuento lo que no quiero y me callo lo que siento". 
Hipocresía y mentiras en un juego impredecible y hermoso.

lunes, 9 de julio de 2012

De violeta y otras fragancias


Sueño una sonrisa sobre tus labios de mora, de espuma de cerveza que nunca bebes.

A veces me pregunto si lloras, si me recuerdas en algún beso, si juegas, si te drogas, si cantas en la ducha, si suenan las bisagras de tu ventana, si te hacen el amor, si haces música, si matas el tiempo, si sueñas, si lees mis poemas.

Ninguna respuesta me satisface, las invento todas: toda tú, te invento, queriendo pensar que eres como cuando te conocí, de violeta y otras fragancias.





domingo, 20 de mayo de 2012

Quién te deshiciera esa trenza,
de hiedra,
y tu ropa de musgo,
quién te deshiciera hasta el nombre
y los montes
y la tierra
de tu cuerpo.

Quién te hiciera el amor
y la guerra
con la tinta de su boca.

Quién empapara un poema
en los mares
de tu sol.

viernes, 27 de abril de 2012

La chica de la biblioteca

- Y si te dijera que...

Te miro mientras pasas las hojas de tu cuaderno y no te conozco. Te quejas quedamente... Alguna función de onda no satisface tu átomo de hidrógeno. Tus párpados lamen en una sutil cascada tu mirada: tienes un problema que  resolverás tarde o temprano. Es entonces cuando deseo bucear en las fórmulas de tus ojos, en los puntos de equilibrio inestable de tus labios, en la función armónica amortiguada de tus pómulos. Quiero recorrer de punta a punta tu dominio, ser gradiente sobre tu piel para derivar las coordenadas de tu cuerpo, quiero dejarme caer en la discontinuidad que se pierde en el valle de tus piernas. Necesito saber todo lo que no sé de ti.
Entonces, ¿qué me responderías?

- Te diría que estás loco, que te amo desde que entraste en la biblioteca.

sábado, 21 de abril de 2012

En París o en Berlín



Se quiebran los charcos, conforme avanzas por la calle, haciendo poesía de tu camino. Eres una criatura salvaje, única en tu especie, o acaso haya otra como tú en París o en Berlín, o en cualquier otra ciudad donde nunca haya estado. Caminas con la inconsciente seguridad de quien nunca ha amado y con la inconfundible certeza de quien sabe a dónde va. Sin embargo, llevo un tiempo siguiéndote la pista, como un detective privado, y paseas sin rumbo por las aceras. Cierto es que interrumpes a veces tu recorrido: hablas con la gente que entra y sale de la lavandería, escuchas música en el metro, esperas en un semáforo, sonríes a las parejas de adolescentes y haces cola en el cine. En ocasiones, aguardas tu turno en la taquilla pero al final te marchas sin comprar tu entrada, desconozco la razón, pero sí sé que eres una cinéfila insaciable, has visto todas las películas. 

Te he perdido de vista cuando doblabas la esquina. La llovizna, el humo de los coches, la gente... Todo forma una niebla gris en torno a tu imagen. He de descansar un rato, me duele el corazón.


Llevo un tiempo sentado en un banco, recuperándome del dolor, y ahora me doy cuenta de que es aquí donde te besé cuando éramos jóvenes. No por ello siento nostalgia por lo que fuimos. Por otro lado, también me siento ajeno y distante a lo que somos pero, a pesar de todo, recuerdo tu nombre.



Ahora llueve más fuerte y vuelves a dejarte ver, junto al Quiosco de periódicos. Me dispongo a levantarme para hablarte, pero dudo. He perdido el interés por tus actos, no entiendo tus poemas ni disfruto tus canciones.

De todas formas, me duele el corazón.

miércoles, 11 de abril de 2012

Jack está solo.
El libro de matemáticas no tapa las grietas de la pared y el Sol rompió todas sus cuerdas.
Ve puentes de plata sobre ríos de flores que azotan las cortinas, como si se tratara del viento en una casa quemada.

miércoles, 28 de marzo de 2012

De camino a casa, pude oler la menta de aquel vestido lamiendo tus piernas, recordé el sendero que marcaba el carmín de tus labios. No era más que el patio del instituto en llamas, un bonito día de primavera en mis manos.

viernes, 9 de marzo de 2012

Porcelana

Pude oír
la sonrisa ladeada
de tus ojos,
entre el humo de tabaco
y el frío de la mañana,
mientras la ciudad
se deshacía en nubes de talco
y la porcelana de tu piel
y el silencio de un violín
bañaban la calle
y pulían el viento.

sábado, 18 de febrero de 2012

El avión en llamas


El avión en llamas,
las estrellas, el mar, la noche,
el café de máquina
y yo,
con los labios entreabiertos
en mitad del escenario,
entre el silencio.

Desnudo en febrero,
con los acordes desatados.

domingo, 5 de febrero de 2012

Fuego

Hay una cortina de verano
entre nuestros ojos,
la has dibujado tú
para esconder tu rostro.

Demasiada lluvia en mi pecho,
supongo,
y demasiado fuego.

Y es que nunca
te has atrevido a arder,
te ciega el resol
que desprenden mis manos.

Me quema el pecho
y acabaré en llamas,
arderán las cortinas y la lluvia,
el falso verano y las golondrinas.

Entonces, seré luz
y tendrás que olvidarme.

viernes, 6 de enero de 2012

Calcetines y sandalias

Te acercaste
con los ojos de siempre,
no existía más
que aquella casa
y nuestros cuerpos.

Me abrazaste tan fuerte
que sentía tu piel
traspasar mi ropa,
besabas tan fuerte
que olvidamos respirar.

Al alejarnos,
te vi vestida
con un pijama largo,
calcetines y sandalias,
Supe
que estaba despertando.